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Parte I. Una misión suicida

This article has been translated to English.

Te envío en estas líneas mi historia Helper, laque considero, ha sido el impulso más profundo que me convocó a ser parte de Helpers como voluntaria más activa y comprometida.

Mi nombre es Emiliana, vivo en Capital Federal desde hace algunos años, pero la mayoría de mi vida ha transcurrido entre en San Clemente del Tuyu, mi pueblo querido, perteneciente al PDO de la Costa y Mar del Plata, ciudad balnearia que se encuentra a unos 400 kms de CABA. Soy entrenadora, profesora de Educación Física y docente universitaria.

Conocí a la Fundación Helpers en noviembre del año pasado–2019-dentro de Megatlon, la red de clubes en la cual trabajo desde hace ya varios años, cuando Miguel-gerente deseguridad de la empresa y nuestro capacitador en todo lo referido a cardio seguridad y primeros auxilios – trajo la app, nos contó de qué se trataba, nos invitó a descargarla y a formar parte de la comunidad Megatlon. A partir de ellos, no tuve más contacto con Helpers, salvo en algunas ocasiones que entraba a la app para ver noticias y publicaciones.

Emiliana, voluntaria por Helpers

Comenzó el 2020 y ya a mitad de marzo el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en el contexto de la pandemia que nos encerró a todos y nos puso al frente de una vida que parecía no propia.

Comencé a trabajar mucho desde mi casa, como entrenadora virtual para el club, como docente universitaria en materias a distancia y haciendo algunos videítos de entrenamiento para subira las redes sociales y así ayudara entrenar a quienes no sabían qué hacer en sus casas.

Un mediodía, jueves –no lo olvido más-estaba finalizando una clase zoom cuando me llegó un mensaje por WhatsApp de mi mejor amiga, que vive en San Clemente. Me preguntó si estaba trabajando, le dije que sí, y luego me escribió la peor noticia que he recibido por muchos años, quizá una de las más dolorosas que he recibido en mi vida.

Ella escribió: “Hernánse suicidó”.

Hernán había sido mi primer amor, mi novio de la infancia y adolescencia, mi compañero, mi amigo, mi hermano, mi familia, mi todo. En esos años había sido mi todo. Y si bien con los años y mi partida del pueblo fui perdiendo lentamente el contacto, siempre pertenecí a esa familia, que me había adoptado como propia y siempre lo recordaba como parte fundante de mi vida. Hernán era entrenador también, profe de Educación Física y guardavidas, había salvado vidas hasta marzo en las playas que cuidaba y ahora decidía acabar con la suya.

No lo podía creer, me costó enormemente y aún me cuesta, lo despedí como pude, no pude viajar, ni besar a su mamá ni acompañar a la familia. Hice una despedida virtual en mi casa, prendí una vela, le dediqué unas palabras, en video llamada con afectos íntimos.

Y así lo despedí, y la vida siguió. Y Hernán se ahorcó, se colgó. Y nadie lo pudo ayudar, contener, escuchar. Pasados algunos días volví a entrar a la app, vi que estaban convocando a voluntarios/as y que una de las posibilidad e sera llamar como operario.

Y si bien siempre había existido en mí la necesidad de dar una mano, ayudar y ocupar parte de mi tiempo en alguna actividad de servicio, muy pocas veces había encontrado tiempo para ello. En la vertiginosidad de la vida citadina no tenía tiempo nunca para nada más que trabajar. Así que no lo dudé, me puse en contacto con Miguel y muy rápidamente me capacité con Nacho y Santiago quienes con toda la paciencia del mundo me ayudaron a iniciarme en los llamados como operadora.

Armé un cuaderno para Helpers, anoté todos los colores que se anotan dependiendo del caso,una lapicera y llena de nervios tuve mi primera jornada de llamados mientras Nacho me decía: “tranquila Emi, yo estoy, cualquier duda, lo que necesites me avisas”y ayudaba así a calmar mi ansiedad.

En definitiva, yo sabía que parte de mi decisión de ser parte del equipo de operadores había sido movilizada por la decisión de Hernán. Su decisión de no vivir me impulsó a ayudar a otros u otras que quizá también como él sienten ganas de abandonar todo esto que supone estar vivo.

A Hernán no lo pude ayudar, pensé, pero voy a ayudar a alguien más. Esta es mi oportunidad.

Emiliana, voluntaria de Helpers

Pude leer la oportunidad en medio de la tristeza y fue maravilloso. Lo terminé de entender cuando en esa primera jornada de llamados me atendió el teléfono una personita joven, muy joven.

Me presenté, le dije quién era y que pertenecía a Helpers y que la llamaba por su solicitud de ayuda y me respondió que sí, muy agradecida, que necesitaba ayuda, que la semana anterior había intentado suicidarse colgándose, pero que había fallado porque su cable se había cortado. Fue fuerte, recuerdo que respiré profundo, la contuve con las palabras, la abracéa la distancia y la comprometía comenzar un tratamiento con los profesionales.

La comprometía a ella mientras también me comprometía yo.Porque sentí que la señal fue clara, que había una sensible manifestación del camino a seguir. El de la ayuda, el del servicio, el de la empatía, el de la solidaridad.

El camino no sólo de pensar, soñar e imaginar cómo sería un mundo mejor para vivir, menos violento, más generoso, menos hostil, sino el camino de poner manos a la obra, y ayudar a construirlo.

Me siento bienvenida en Helpers, me siento útil en Helpers y lo más importante es, que me siento más humana en Helpers.

Helpers es una organización que tiene como objetivo crear una red social internacional de voluntarios capacitados para ayudar, por permitir que cualquier organización desarrolle su propia comunidad de voluntarios. Por medio una aplicación con geolocalización y un administración inteligente, la red de voluntarios capacitados conecta a las personas que necesitan ayuda con las personas que pueden brindarla. Esto sucede en tiempo real. Actualmente, la organización trabaja en Argentina y Uruguay.